La pintura automotriz, esa capa final que seduce por su brillo y protege por su composición, rara vez se asocia con todo lo que ocurre antes de que el color toque la carrocería.
Por Revista Zona de Pinturas
Sin embargo, detrás del acabado perfecto que todos admiran, hay una ciencia invisible, rigurosa y profundamente técnica que define el éxito o el fracaso de cualquier trabajo de repintado.
En palabras de Juan Fernando Velásquez, director de exportaciones de Abracol: “La preparación de una pieza, para asegurar una buena calidad, es asegurar una buena preparación”. Y esa preparación inicia mucho antes de poner el color en práctica.
Más que estética: carácter técnico y profesional
En el universo del repintado, la belleza no basta. La precisión técnica y la disciplina profesional son el verdadero arte. Para lograr superficies limpias, uniformes y con alta adherencia, el repintador se apoya en herramientas esenciales como la lija roja, el disco velcro y la cinta automotriz. Estos insumos, discretos y a menudo invisibles para el ojo no entrenado, marcan la diferencia entre una pieza que resiste el tiempo y otra que requiere un costoso reproceso.
“¿Qué es lo último que se hace en un carro? ¿Qué es lo primero que se percibe al comercializarlo? "La pintura", propone Velásquez con una lógica persuasiva. Todo se absorbe a través de los ojos, pero el desenlace final no se basa únicamente en el color. Es el producto de una serie de etapas técnicas anteriores, llevadas a cabo con meticulosidad.
El rol crucial del lijado: precisión desde el inicio
Las técnicas de lijado han evolucionado. El tradicional lijado en húmedo con papeles convencionales ha dado paso al lijado en seco, más limpio, eficiente y controlado. En este proceso, la lija roja representa un avance clave: su grano térmicamente tratado proporciona mayor durabilidad y abrasión constante, mientras que su recubrimiento con esterato evita el taponamiento, lo que permite una preparación más fluida y rápida.
“Hoy lo disimulan mucho con las perlas y esos colores camaleónicos”, reconoce Velásquez, “pero si tú no cumples con un tren de lijado perfecto sobre buenas materias primas... algo va a salir mal”. La falta de preparación adecuada no solo afecta la estética: puede provocar defectos como burbujas, opacidad, tonos desiguales o incluso el desprendimiento prematuro de la pintura.
Disco velcro: uniformidad y control en cada movimiento
El disco velcro es otro aliado fundamental. Permite trabajar con precisión sobre superficies planas y curvas, garantizando uniformidad y evitando vibraciones que generan imperfecciones. Su diseño asegura un ajuste firme al pad, condición clave para mantener la estabilidad en el proceso de lijado.
“El éxito del velcro de nuestra lija roja en Abracol es que no se corre, se amarra muy bien. Un mal pad genera arañazos, imperfecciones que solo se ven al final del proceso”, señala Velásquez. La combinación de un buen pad y un disco de calidad asegura una base uniforme, crucial para la aplicación correcta de los primarios, el color y el barniz final.
Cinta automotriz: delimitar con precisión
El proceso de enmascarado es tan importante como cualquier paso previo a la pintura. La cinta automotriz evita que el recubrimiento invada zonas no deseadas y permite generar líneas definidas y acabados limpios. En talleres sin cabinas presurizadas o con condiciones limitadas —una realidad común en muchas regiones de América Latina—, su papel es aún más crítico.
Una cinta de mala calidad puede fundirse con el calor del horno o dejar residuos, arruinando la superficie. “Lo que depende de un buen tape es un buen respaldo y un buen pegamento, y que te garantice por experiencia y por respaldo de la empresa que lo vende que tienes un buen producto, de que no se te va a fundir y que te va a delinear”, asegura Velásquez.
La importancia de respetar el tren de lijado en la preparación de superficies
Para quienes trabajan en repintado automotriz, cada paso cuenta. No se trata solo de aplicar pintura o lograr brillo superficial: la calidad está en la base, especialmente en el respeto riguroso del tren de lijado.
Muchos errores derivan precisamente de la omisión o alteración de ese proceso básico.
“Y no haces el salto del mil, que es saltar de 80 a 600, pues la raya del 80 no te va a quitar los 600, porque tú saltas máximo dos: 80, 120, 180, y ya pílicas el puti, 220 o 240, ya tienes una súper raya finita. Entonces la gente que es perfeccionista te arranca con todo el tren, 80, 100, 120. Así se demore más, pero el súper terminado… se demora un poco más, pero te queda un súper terminado”, explica el experto.
Una mala elección de lija o un salto excesivo de grano puede comprometer todo el trabajo: dejar poros visibles, residuos de humedad, generar ampollamientos al sol y, en definitiva, forzar costosos reprocesos.
“La gente cree que pasando del 80 al 220 ya con eso que ahorraste, ¿qué? 2.000 pesos. ¿Y cuánto cobras por la pintura de un texto unitario? 2.000 pesos no es nada. Pero si tú sumas todo, después 30 %. Pero después tienes que hacer todo ese reproceso de repintado”, advierte con claridad Velásquez.
Tecnología, técnica y talento humano: el triángulo de la excelencia
La pintura no es mágica. Por más avanzados que sean los sistemas de repintado, no existe una tecnología capaz de replicar exactamente el acabado original de fábrica. Así lo han reconocido marcas como Sherwin-Williams, Axalta y Wanda. Por eso, el éxito en el taller depende de un triángulo fundamental: una buena preparación, insumos de calidad y talento humano capacitado.
“Todo depende del igualador, del pintor y del detallador. El detallador le da brillo, pero si tienes una buena preparación de superficie, no necesitas pulir. El pulido muchas veces es para corregir errores”, afirma Velásquez. Un trabajo bien ejecutado desde el inicio evita correcciones innecesarias y prolonga la vida útil del acabado.
Repintado en contexto: una industria en transformación
La industria del repintado ha evolucionado. El sector aftermarket está integrando cada vez más procesos profesionalizados, materiales certificados y formación técnica. Eventos como Repintado by Autoamericas o Automechanika evidencian esta transformación. Allí convergen fabricantes, distribuidores y técnicos con un objetivo común: optimizar cada eslabón del proceso, desde la lámina hasta el barniz.
Del pulido al arte del detallado

El auge del detailing en América Latina también ha cambiado la forma de trabajar en talleres pequeños y grandes. En Estados Unidos, donde esta práctica es más avanzada, los técnicos usan pads diferenciados, controlan las velocidades, trabajan con compuestos específicos y manejan técnicas de lijado milimétrico. Esa experiencia está cruzando fronteras.
“Tu lija me gusta porque me deja la raya igual a la de 3M. Y eso me lo quitan los pulimentos. Hay pulimentos de muy buena calidad. Él vende los de Pro-Bas, que fabrica Dupont en Estados Unidos”, cuenta Velásquez sobre un detallador en Guadalajara que hoy lidera su propio negocio.
A esto se suma el criterio y la experiencia del técnico. “Tú dijiste algo que para mí es muy cierto y yo te lo amo. Es un arte. O sea, preparar un carro es un arte. No hay escuelas en el mundo. La experiencia que tú vas tomando en la calle”, afirma Velásquez con convicción.
El carácter antes del color
En definitiva, el auténtico arte del repintado automotriz no comienza con la pistola de pintura, sino desde la evaluación inicial de la pieza. Una buena preparación, con los insumos adecuados y ejecutada por manos expertas, asegura que el color no solo cubra, sino que realce. Que no solo brille, sino que perdure.
Porque en el mundo del repintado, antes del color está el carácter.
Y ese carácter se construye con técnica, respeto por los procesos y conocimiento detallado de cada milímetro de superficie.
“Cuando tú respetas todo el proceso tienes el resultado ideal”.

