Latinoamérica. Una investigación divulgada en ACS Central Science muestra que algunos recubrimientos de resina empleados para preservar objetos metálicos arqueológicos pueden causar reacciones químicas no deseadas con metales ferrosos, ocasionando perjuicios a largo plazo. El descubrimiento presenta retos para la preservación de utensilios, armas y otros objetos históricos resguardados en museos.
Los científicos, bajo la dirección de Rui Tian y Chao Lu, crearon un método no invasivo de imagen de fluorescencia tridimensional para identificar señales precoces de corrosión en metales revestidos con polímeros. Esta táctica posibilita examinar la creación de grupos carboxilo, sustancias químicas vinculadas a procesos de oxidación, sin perjudicar los componentes.
Este procedimiento fue aplicado por el grupo en una moneda de hierro de la dinastía Song del Norte. Primero, se recubrió la moneda con una resina acrílica comúnmente utilizada en la preservación, la cual incluye un copolímero de metacrilato de etilo y metacrilato de metilo.
Luego aceleraron su envejecimiento exponiéndola a calor y luz ultravioleta durante 30 horas. “La intensidad de la fluorescencia en la interfaz resina-metal aumentó de forma ininterrumpida después de 3 horas”, reportaron los autores. Este aumento indicó una intensificación de la corrosión, que se evidenció visualmente en la pieza.
Por otro lado, al utilizar el mismo método en una pieza de hierro recién fabricada, el recubrimiento envejecido no intensificó la oxidación. Esta diferencia sugiere que los efectos de degradación están condicionados por las condiciones previas del metal y el tiempo de exposición.
“El recubrimiento de polímero envejecido amplificó la producción de grupos carboxilo dañinos, lo cual provocó que la pieza arqueológica se oxidara aún más”, explicó el equipo. Este comportamiento no se había documentado con claridad debido a la dificultad de observar directamente las interacciones químicas entre recubrimiento y metal en espacios tan estrechos.
Los resultados del estudio podrían contribuir al diseño de nuevos materiales de conservación con estabilizadores y aditivos que frenen el envejecimiento de los polímeros y reduzcan la posibilidad de daño a largo plazo. El trabajo abre la puerta a métodos más precisos y menos invasivos para evaluar el estado de las piezas arqueológicas recubiertas.

