Latinoamérica. El mercado de resinas se encuentra en un punto de inflexión. Enfrentado a desafíos como el encarecimiento de las materias primas, los elevados costes de descarbonización y sostenibilidad, el impacto de los aranceles y barreras comerciales y una demanda europea volátil, el sector avanza con paso firme hacia un modelo más sostenible, digitalizado e innovador, apostando por la adaptabilidad y la colaboración como ejes para aprovechar las oportunidades emergentes.
por Andrea Ochoa Restrepo
A pesar de este contexto complejo, el horizonte a medio y largo plazo se percibe con optimismo. Según estimaciones de Altakem, “la tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del sector en la próxima década (2024–2034) podría alcanzar el 5 % en valor. Esta proyección refleja un mercado resiliente, que ha entendido que la sostenibilidad no es solo un compromiso ético, sino también una ventaja competitiva.
Un entorno comercial cada vez más complejo: el factor arancelario
Uno de los factores que más está condicionando la competitividad de los fabricantes europeos de resinas es el creciente peso de los aranceles y medidas proteccionistas. En un mercado globalizado, donde los costes ya están presionados al alza por la inflación de materias primas y energía, el establecimiento o incremento de aranceles sobre productos clave —como resinas, monómeros o precursores químicos— supone un lastre adicional para la industria europea, especialmente cuando compite con regiones donde los estándares ambientales y sociales son más laxos.
Para muchos distribuidores y fabricantes, esta situación se traduce en menores márgenes, mayor incertidumbre y riesgo de deslocalización de ciertas producciones. Además, afecta directamente a las decisiones de inversión en innovación y sostenibilidad, ya que la volatilidad del contexto comercial limita la capacidad de planificación a largo plazo.
“Los aranceles deberían estar alineados con criterios ambientales y de equidad competitiva —afirman desde Altakem—. Hoy en día, el coste del cumplimiento normativo en Europa es muy alto, y si no se protege adecuadamente a la industria que, apuesta por la sostenibilidad, se corre el riesgo de favorecer a operadores menos responsables desde el punto de vista ambiental y social”. La necesidad de un marco regulatorio comercial coherente con las metas del Pacto Verde Europeo es una demanda constante del sector.
América Latina: entre oportunidades industriales y desafíos arancelarios
En América Latina, el impacto de los aranceles en el mercado de resinas presenta una realidad diversa y compleja, marcada por tres factores principales: la dependencia de materias primas importadas, la asimetría normativa respecto a las regiones desarrolladas y los esquemas arancelarios cambiantes que afectan tanto a la importación de insumos como a la exportación de productos terminados.
En muchos países de la región, las resinas y sus precursores químicos son bienes altamente sensibles, con niveles de aranceles que oscilan entre el 5 % y el 15 %, dependiendo del país y del tipo de producto. Si bien algunos gobiernos han impulsado regímenes especiales para fomentar la industria de transformación local (como zonas francas, aranceles preferenciales o incentivos a la importación temporal de insumos), estas medidas a menudo carecen de continuidad o están sujetas a incertidumbre política.
Además, la región enfrenta un doble desafío: por un lado, la presión para avanzar en procesos más sostenibles, alineándose con estándares internacionales (por ejemplo, las exigencias de trazabilidad o contenido reciclado en exportaciones hacia Europa); por otro, la necesidad de mantener su competitividad industrial, en mercados donde el componente de coste sigue siendo determinante.
“La industria latinoamericana necesita políticas arancelarias más estratégicas y estables, que fomenten la innovación, la atracción de inversiones sostenibles y la integración regional de cadenas de valor”, señalan fuentes del sector. En este contexto, una mayor coordinación entre bloques comerciales (como Mercosur, Alianza del Pacífico o acuerdos con la UE) podría contribuir a mejorar la previsibilidad y eficiencia del comercio de resinas en la región.
Asimismo, se observa un riesgo creciente: la aplicación de barreras no arancelarias por parte de países desarrollados (como el CBAM europeo) podría implicar nuevos costos o requisitos para exportadores latinoamericanos, especialmente si no se desarrollan sistemas de medición de huella de carbono y certificaciones reconocidas internacionalmente.
Descarbonización y sostenibilidad: un reto compartido
Los planes de sostenibilidad de la Unión Europea están marcando la pauta de transformación global. Numerosas empresas han definido sus propios objetivos de reducción de huella de carbono, alineándose con las metas climáticas del Pacto Verde Europeo. La inversión en procesos más limpios y productos más seguros avanza, pero estas transformaciones suponen costes adicionales que deben competir con productos importados sin esos mismos requisitos.
Por ello, muchas voces del sector reclaman que las medidas arancelarias también sirvan como mecanismo de ajuste climático en frontera, tal y como plantea el CBAM (Carbon Border Adjustment Mechanism). Este tipo de herramientas podría nivelar el terreno de juego internacional, haciendo que los productos que no cumplen con estándares ambientales similares también afronten un coste proporcional al impacto que generan.
Para América Latina, este escenario representa una oportunidad y una advertencia. Quienes logren alinear sus procesos productivos con criterios internacionales de sostenibilidad podrán acceder a mercados exigentes y generar valor agregado, pero será clave que las políticas comerciales, los incentivos fiscales y los esquemas arancelarios acompañen esa transición con visión de largo plazo.

